Luego de casi un mes de actividades artísticas, culturales y sociales organizadas por la asociación cultural “Arena y Esteras” y llevadas a cabo durante el V Festival de Circo Social en Villa El Salvador, se guardaron los juguetes, la magia y el color del circo, para salir de la ciudad y enrumbar a otros parajes rodeados de montañas y vegetación, que renuevan las ganas de seguir recorriendo estas tierras cargadas de vida.
Como ya es costumbre, dentro del FestiCirco, se realiza un viaje de intercambio, denominado “Voluntariado Intercultural”, donde artistas y voluntarios de distintas nacionalidades se suman de manera solidaria a la creación de vínculos y dialogo a través de las prácticas circenses y artísticas.
Buscando llevar la alegría, fantasía y energía que tiene el circo, en su dimensión social y pedagógica, a comunidades campesinas donde la convivencia y respeto construyen nuevos lenguajes y prácticas de vida en el encuentro y juego mutuo.
Es así como se inició la aventura en Shumay, comunidad campesina ubicada en el distrito de Marcará en la provincia de Carhuaz, Ancash. Gracias al apoyo y trabajo conjunto con la ONG UrpiChallay, se pudo concretar el primer intercambio con los niños, niñas y adolescentes de esta nostálgica localidad y un grupo de 17 voluntarios de Francia, Argentina y Perú que dieron y recibieron el cariño de los pobladores.
En una semana que se caracterizó por el interés y el empeño de la comunidad, se dictaron seis talleres que incluyeron malabares, zancos, equilibrio, música y danza, artes plásticas y acrobacia y que lograron que la semana se caracterice por el interés y el empeño de la comunidad. Los voluntarios tuvieron a cargo a más de 90 ansiosos pupilos que no tardaron en dar rienda suelta a la diversión y magia del circo.
La expectativa era grande, dado que se trataba del primer intercambio de este tipo tanto para la comunidad, como para el grupo de voluntarios. La alegría y el aprecio de los niños y adolescentes, sin embargo, no tardó en hacerse notar. Demostraron su esfuerzo y compromiso desde el primer día, fortaleciendo así su participación en los talleres donde tuvieron la oportunidad de construir sus propios elementos de circo y música con material reciclado, caminar en zancos por las quebradas y montañas, embarrar sus manos de pintura para dar color a las paredes de un mural, vencer el riesgo y miedo a caerse de la cuerda floja, vivir la magia de los malabares y sobre todo se reconocerse como amigos y amigas a través del juego y tardes cargadas de sonrisas y alegría.
La semana cerró con una demostración de lo aprendido por los niños y adolescentes durante las jornadas de juego y educación, donde el resto de la comunidad pudo ver el progreso de sus hijos. A manera de retribuir el cariño recibido, los voluntarios quisieron demostrar lo que sabían hacer y mostraron un pequeño performance inspirado en las historias de Shumay, vocablo quechua que significa “Belleza”, y de esta forma regalar un fin de fiesta, agradeciendo el tiempo, espacio y aprecio demostrado durante los días de intercambio.
Este primer contacto y trabajo conjunto con Urpichallay, abre nuevos caminos y espacios para seguir creciendo y sobre todo construyendo vínculos para llegar a más lugares donde no se tiene acceso u oportunidad de participar en este tipo de actividades, el poder pasar por la experiencia de convivencia y encontrar nuevas ideas, sueños y propuestas para reconocernos en comunidad.
Más allá de la práctica de llegar a una comunidad rural a dictar talleres, lo vivido nos enseña la importancia de la coexistencia, el respeto y el reconocimiento del otro como parte del colectivo, conociendo otras formas de ver el mundo, entenderlo y sentirlo, aprendiendo para seguir creciendo como ciudadanos, en una sociedad que día a día nos va cerrando las posibilidades de encontrarnos en las diferencias, y que debemos ir cambiando con amor, esfuerzo y alegría.


